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Educación Parvularia

¿Qué implican las bases curriculares de la Educación Parvularia?

Esta pregunta, realizada 11 años después que se empezaron a implementar las Bases Curriculares

Esta pregunta, realizada 11 años después que se empezaron a implementar las Bases Curriculares de la Educación Parvularia, pareciera ser un tanto desfasada en el tiempo e incluso innecesaria hacerla. Sin embargo, declaraciones de diverso tipo que se están haciendo en el ámbito público y privado tendientes a “cambiarlas” por estar “obsoletas” o por ser “muy generales”, nos llevan a escribir estas líneas, en función a aclararles a aquellas personas que parecen no comprender lo que es un instrumento curricular de esta índole, sus características y cómo se construye.

  1. Para empezar, un Currículo Nacional como es éste implica un proyecto de país, de sociedad y cultura que desea favorecer a través de la formación de las nuevas generaciones, en especial de niños y niñas, una etapa delicada en que se asientan las bases de todo el comportamiento humano. Por ello, su construcción implica considerar diversas fuentes disciplinarias que ayudan a poder sustentar una concepción potente del niño y niña, de su familia y de sus contextos socio-cultural que va desde lo local a lo planetario. En ello concurren desde la filosofía a la pedagogía, pasando por bases neurológicas, sicológicas, culturales y ambientales, entre otras. Por tanto, no implican sólo considerar bases sicológicas y sus descriptores de desarrollo; su fundamentación es más compleja e interdisciplinaria y requiere de un cuidadoso estudio, análisis y de consensos.
  2. Por esta característica de ser un proyecto nacional favorecedor de valores de bien común y basado en consensos sobre la formación de párvulos, su construcción debe ser lo más transparente y participativa posible; línea que han tenido todos los currículos para este nivel en el país y que, en esta última versión, fue extraordinariamente abierta, debatida y consensuada, tomando todo su proceso de construcción más de tres años. Por tanto, cualquiera reformulación o actualización no puede hacerse en procesos circunscritos a pocas personas y a corto plazo; ello deslegitimaría su validez, que es una de las mayores características que tiene este instrumento en la actualidad, y que es lo que hace que sea valorado y defendido por tantas instituciones y educadoras.
  3. Las Bases Curriculares, como su nombre lo indica y como se señala en el documento, “constituyen un marco referencial amplio y flexible” (pág. 7) teniendo entre sus propósitos explícitos, entregar un conjunto de “orientaciones al conjunto del sistema de educación parvularia para que puedan ser desarrollados por las diferentes modalidades y programas” (Pág. 10). Esta característica, esencial en un currículo nacional dada la diversidad de formas en que se organiza el nivel (formal y alternativas) y sus diversas modalidades (modernas y posmodernas), respeta además un criterio esencial: el enfoque del Educador de Párvulos como un profesional de la educación que diagnostica, selecciona o construye con su comunidad educativa la mejor propuesta curricular para los niños y sus familias. Por tanto, las BCEP no son un programa prescrito ni mucho menos un manual, sino que por el contrario. Se orienta sobre fundamentos relevantes, entrega criterios esenciales sobre todos los factores del currículo en este nivel y ofrece un conjunto de aprendizajes esperados, que son una propuesta de objetivos que puede ser seleccionada, ampliada, desglosada, enriquecida, según las necesidades de aprendizaje de cada grupo de niños y niñas.
  4. Su organización curricular es importante, se hace en ciclos y no por grupos-edades, enfoque que desde todos los aportes actuales de las neurociencias, de la sicología y de la pedagogía de avanzada en este campo se señala como el adecuado. El desarrollo –dentro de ciertos referentes universales– tiene flexibilidades y especificidades que han roto los estrictos enfoques homogéneos y lineales del aprendizaje. Esta característica fue resultante de la consulta de destacados especialistas nacionales e internacionales y sigue la característica de valorados currículos como el de Nueva Zelanda, del Reino Unido (Sure Start), o el de Brasil, en la Región. Esta medida y su aplicación en el tiempo, demostró que abrió los techos a los niños y a las diversidades producto de características personales y/o de sus contextos culturales de pertenencia, todo ello en su beneficio. Por tanto, cuando se parcializan los aprendizajes esperados por edades, nuevamente ponemos techos y desconocemos la flexibilidad de su desarrollo y aprendizajes, en el entendido que siempre hay ciertos esenciales que todo currículo favorece.

Sin querer extender este análisis a otros aspectos propios de la construcción curricular, como son el enfoque de las ideas-fuerza en que se basa, la coherencia horizontal y vertical del currículo entre otros, cabe reiterar que como todo instrumento curricular es siempre un documento perfectible y hay ciertos aportes teóricos y curriculares que podrían enfatizarse más aún. Ello si consideramos que responden a esa visión potente y muy humana de nuestros niños y niñas en un mundo lleno de oportunidades donde no deben dejar de ser lo que son: niños y niñas chilenos curiosos, lúdicos, plenos y ojalá felices. En todo lo que podamos aportarles como personas y mediante el sistema educativo que –esperamos- los siga respetando en su esencia de párvulos.

Fuente: El Mostrador